Sociedad e Innovación

Ciencia y audiencia: fronteras entre el saber científico y el saber cotidiano

Por: Ramiro Fernando Marín
Docente e Investigador
Universidad Gastón Dachary – República Argentina

En el marco del Programa de Difusión de las Actividades Científicas y Tecnológicas que viene impulsando la Universidad Gastón Dachary, este año nos propusimos como objetivo traer a este foro la intención de reflexionar, de problematizar entre todos los presentes acerca de si ¿es posible establecer alguna relación entre el conocimiento que genera la Universidad, en tanto saber formal, y el conocimiento cotidiano, el saber de la gente. ¿Hay una frontera clara entre estos saberes? ¿Cuándo determinado saber se transmite, qué consideración se tiene respecto de quien escucha, respecto de la audiencia?

Lo que vamos a tratar de abordar esta problemática desde dos perspectivas, aunque por supuesto que estas no son las únicas: en primer lugar desde un punto de vista académico, partimos del enfoque de la historia y de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología, pensando juntos esta idea acerca de qué modo el conocimiento científico, la ciencia, se relaciona con la sociedad; pero intentando un recorrido literario, que por cierto tiene su de carga de arbitrariedad habida cuenta que está en estricta relación con los gustos y caprichos de quien les habla. En segundo lugar, se intentará abordar la problemática a partir de algunas experiencias que se dan, por mencionar un caso nada más, en el entorno agropecuario de nuestra región, y esto estará a cargo del Ing. Sebastián Bárbaro.

Así como hemos dicho lo que vamos a hacer, también corresponde aclara lo que no vamos a hacer. Lo digo en otros términos: no venimos a dar respuestas sino, y este es un rasgo del equipo de investigación de esta universidad, a compartir la problemática que actualmente es objeto de análisis y reflexión y que deseamos abrir al público en general precisamente porque forma parte de la discusión.

La discusión en torno al saber, en torno al conocimiento –aquí tomamos ambos términos de manera indistinta– “verdadero” de aquel que no lo es, no es un fenómeno de discusión reciente, sino por el contrario, desde los primeros filósofos de la antigüedad. Platón diferenciaba claramente entre la doxa (o conocimiento vulgar) al que le atribuía una carga de error, apariencia, etc. de la episteme, el verdadero saber que era producido por un sector privilegiado de la sociedad: los filósofos. Hacía pues una demarcación, establecía territorios en los que el ciudadano común no podía incursionar porque estaba intrínsecamente inhabilitado.

La curiosidad como acto de conocimiento. El historiador británico, Peter Burke, en su libro “¿qué es la historia del conocimiento?” (2017) señala que “la curiosidad, el impulso por conocer,”. San Agustín, por ejemplo, consideraba que la curiosidad era un vicio asociado con la soberbia. Para muchos cristianos, la historia de Eva y la manzana era una advertencia contra los peligros de la curiosidad femenina en particular. (Burke, 2017)

La autoridad. Por otra parte, no debemos perder de vista el conflicto entre lo que uno piensa y lo que la autoridad del conocimiento sostiene como fundamento de determinado fenómeno. Dos ejemplos podríamos destacar:

En primer lugar, podríamos mencionar a Robert Boyle. A partir de la transformación de una máquina creada por Otto von Guericke, Boyle desarrolló una serie de experimentos que le permitieron afirmar que había generado un vacío dentro de su dispositivo, realizando experimentos sobre el resorte y la presión del aire. El proceso de legitimación de los hechos, se basó en los experimentos. La novedad de Boyle fue introducir el experimento científico para poder probar una determinada hipótesis. Y las experiencias de dichas pruebas se hacían tanto con un público experto, los miembros de la primera sociedad científica, la Real Sociedad de Londres.

En segundo lugar, es muy ilustrativo el ensayo de Carlo Guinzburg “El queso y los gusanos”. Es lo que denominaríamos, con algunas salvedades, un estudio cultural, un estudio de “la cultura de las clases subalternas”. Narra la historia de un molinero friulano de mediados del siglo XVII –recordemos que Friuli es una región se encuentra al norte este del Adriático—Domenico Scandella, conocido por Menocchio. Quien fuera condenado por el Santo Oficio –de la Inquisición– a la hoguera por herejía luego de dos procesamientos. En relación a la cosmogonía, el procesado sostenía

 Yo he dicho que, por lo que yo pienso y creo, todo era un caos… y que aquel volumen poco a poco formó una masa, como se hace el queso con la leche, y en él se formaron gusanos, y estos fueron los ángeles; y la santísima majestad quiso que aquello».

Aquí el autor señala, siguiendo la hipótesis planteada por Bajtín (1990) en que “hay una influencia recíproca entre la cultura de clases subalternas y cultura dominante” (Guinzbug, 1997, p. 8). Creo que es válido pensar del mismo modo en relación al conocimiento cotidiano respecto del científico. Como podremos ver, más adelante, hay saberes que son hijos de la experiencia, de conocimientos que se han transmitidos de generación en generación y que a veces chocan con el saber académico, pero otras también se imbrican.

El criterio de autoridad por aquella época se sustentaba en la sumisión que se lograba no tanto por qué se dice, sino quién lo dice[1].

Por supuesto que esto irá cambiando con la entrada en escena de la modernidad.

Conocimiento y su contexto. Burke (2017), siguiendo al sociólogo alemán Karl Mannheim, destaca que el conocimiento está “atado” a la vida cotidiana, se sitúa en un tiempo, en un lugar y una comunidad particulares. Guinzburg dirá, en una línea de pensamiento similar, que un individuo está vinculado a un ambiente y a una sociedad históricamente determinados (Guinzburg, 1997, p.12).

Otras miradas. No podemos dejar de mencionar, y disculpen que sea de un modo superficial, que desde la literatura hay quienes piensan en el conocimiento, su significado e implicancia. Pensemos en la tragedia de Fausto, en la versión de Goethe –recordemos que la primera versión es de 1587, editada por Johan Spies. Ese ser humano, favorito de Dios, que se

También podríamos pensar en el Memorioso Funes, aquel cuento que apareciera en Ficciones de Borges (1944). Ireneo Funes, quien como consecuencia de un accidente perdió el conocimiento pero luego, al recobrarlo, comenzó a ser capaz de recordar todo objeto y todo fenómeno con una memoria prodigiosa y detallada. En palabras del autor

Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales.”

El conocimiento, más cerca.

En la edad moderna se asiste a los inicios de un intento de fusión del conocimiento cotidiano (expresado en el artesanato transmitido por la práctica y la ejercitación) con lo científico, generándose un campo vinculante (la tecnología) que pretende ser la bisagra de un nuevo territorio de saberes.

Las discusiones que se plantean algunos estudios actuales es en relación a la manera en que las personas interactúan con el conocimiento experto. Los casos que discutiremos serían en torno a de qué modo las personas con un conocimiento más bien práctico, del saber hacer, son consideradas competentes en relación a la comprensión que pueden tener acerca de determinado conocimiento científico. Ese mismo público ¿es concebido como un agente capaz de reflexionar sobre lo que se conoce?, y por último, dicho conocimiento tiene en cuenta el contexto.

En el caso del público o de la audiencia ¿cuáles son los criterios mediante los cuales juzga a los especialistas y decide confiar en unos y deslegitimar a otros?

Cómo selecciona las fuentes de conocimiento? ¿por qué en ocasiones prefiere unas y en otras ocasiones, elige otras, valga la redundancia?

Referencias

Burke, P. (2017). ¿Qué es la historia del conocimiento?. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

Chalmers, A. (2010). ¿Qué es esa cosa llamada ciencia? Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

Diaz, E. (editoria y coautora). (1998). La ciencia y el imaginario social. Buenos Aires: Editorial Biblos.

Guinzburg, C. (2008). El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo XVI.

Simonetti, G.; Ponce, M. F.; Lerma, S.; Quiroga, V.; Turco, L. (2005). Los imaginarios sociales de la ciencia. XII Jornadas de Investigación y Primer Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur. Facultad de Psicología – Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.

[1] No olvidemos que en el medioevo el conocimiento se transmitía en Latín, lengua culta que hablaba y escribía la elite ilustrada lo que suponía una división más del conocimiento separando el saber cotidiano de las formulaciones que realizaba esa elite intelectual, ya que el idioma actuaba como una barrera infranqueable para que los legos accedan a los conocimientos científicos

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