Sociedad e Innovación

Red de Ciencia, Tecnología y Sociedad: una comunidad en los márgenes

Por: Ramiro Fernando Marín
Docente e Investigador
Universidad Gastón Dachary – República Argentina

Aunque sea un camino ya transitado, hablar de las dificultades que tiene el desarrollo de la ciencia y la tecnología en América Latina no deja de ser un tema de constante debate. Muchos hemos leído las primeras visiones esbozadas por Oscar Varsavsky (1969) o por Jorge Sábato (1969) en relación al desarrollo autónomo científico-tecnológico a nivel latinoamericano. Los cambios políticos experimentados a nivel latinoamericano en las últimas décadas no han sido ajenos a las discusiones en torno al rol de la ciencia y la tecnología en la sociedad. Un aire de época, si se nos permite la expresión, cubrió el continente cargado de esperanza de recuperación económica y justicia social, luego de los vientos neoliberales de la década de los noventas. Los estudios sociales de la ciencia y la tecnología –de vertiente europea continental, particularmente francesa–,o las science studies –conocido en el mundo anglosajón– comienzan a tomar fuerza durante la primer década de 2000 en toda la región. Muchas personas del mundo académico, algunos iniciándose y otros de gran trayectoria en el campo de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad (CTS) vimos el contexto socioeconómico como una oportunidad para pensar un proyecto latinoamericano, modesto desde ya, pero con mucho entusiasmo, en torno a los estudios de CTS.

En este artículo, intentaremos dar cuenta de la conformación de una red de difusión y de investigación, en esencia, de una incipiente comunidad científica que, inicialmente, contó con el acompañamiento de la Organización de los Estados Iberoamericanos (OEI) y que, en el contexto anteriormente descripto, buscó delinear líneas de acción tendientes a pensar el desarrollo de la CTS desde una mirada regional. Se trata de la autodenominada Red de Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación que tuvo una duración de 5 años y llegó a aglutinar a más de 150 académicos de 10 países latinoamericanos[1].  Esta experiencia bien podría ser objeto de un estudio de caso de cómo un grupo de personas buscaron aglutinarse

Los inicios y desarrollo

Durante 2011 se encontraba abierto un foro virtual de Divulgación de la Ciencia, promovido por la OEI. En este espacio comenzó a aglutinarse gente que tenía algún tipo de interés en el campo de la CTS. La intervención era libre y no estaba definida orgánicamente. Es así que surge, por iniciativa de la Dra. Elsa Acevedo Pineda, la idea de crear un espacio propio, con el propósito de que todos aquellos interesados en la disciplina pudieran participar y aportar inquietudes. Inmediatamente de surgida la propuesta fueron incorporándose más personas a dicho espacio aunque sin tener en claro qué era lo que quería hacerse. Ha de destacarse el fuerte apoyo recibido en esta etapa de parte de autoridades de la OEI. Ello se vio plasmado en una serie de iniciativas impulsadas desde éste organismo. El primero fue la posibilidad de contar con el Foro CTS+I, encuadrado dentro del Centro de Altos Estudios Universitarios (CAEU), dependiente de la OEI. En esta primera etapa llegaron a congregarse más de 50 personas. Ello llevó a algunos de los miembros a pensar en la idea de consolidar el grupo creando formalmente una Red de Ciencia, Tecnología, Sociedad + Innovación (Red CTS + I). Se formalizó un Consejo Directivo, conformado por 11 miembros, cada uno responsable de ciertas tareas. Se llevaron algunas reuniones virtuales, venciendo el principal desafío de coordinar un horario de encuentro que sea adecuado para todas las nacionalidades que se encontraban representadas. Se elaboraron actas de cada una de las reuniones realizadas. Uno de los principales temas de debate fue definir el propósito de la Red. El grupo de gente aglutinado en la Red debatió mucho sobre el tema, con distintas perspectivas: algunos querían intercambiar experiencias, otros querían investigar temáticas específicas de CTS+I pero en relación a América Latina. Uno de los puntos que más consenso suscitó fue la idea de pensar una Red de Investigación y Reflexión Crítica desde Latinoamérica, que pudiera discutir y reflexionar sobre problemáticas propias de la región en el marco de la CTS+I.

En ese marco, se crearon siete ejes temáticos, a saber: Impactos y determinantes de la relación CTS+I; CTI para el Desarrollo Económico; Política científica y Sistemas Nacionales de CTI[2]; Estudios Sociales CTS+I; Teoría CTS+I desde Latinoamérica; Apropiación Social CTI; Educación y CTS+I. La coordinación y participación en dichos Ejes era siempre voluntaria. Cada miembro podía participar en los Ejes que quisiera.

Del mismo modo, se pensó que se podría llegar a generar suficientes recursos (investigaciones, artículos de reflexión, ensayos breves, etc.) para hacer algún tipo de publicación, por lo que se tenía previsto la elaboración de una revista de divulgación.

Con el propósito de lograr un cuerpo más orgánico de la Red, y de llegar a una institucionalización concreta en el mediano plazo que permitiera una visibilidad a nivel internacional, se elaboró un estatuto que preveía elección de autoridades, duración de los cargos, categorías de membresía, objetivos fundantes, por mencionar algunos aspectos. Del mismo modo se diseñó un logo, a cargo de uno de los miembros, como así también se estandarizaron documentos con membretes.

Más allá de este impulso inicial, hubo inconvenientes para alcanzar un desarrollo concreto y sostenido de la Red. En otras palabras, ese envión no fue suficiente para que la Red pueda madurar y sostenerse en el tiempo. Las participaciones de los miembros nunca fueron masivas. El promedio de participantes oscilaba entre las 6 y 10 personas, siempre en función del tema de interés. La frecuencia de participación era en promedio de 2 veces por semana. Si se tiene en cuenta que la Red superó los 150 miembros, es fácil concluir que la participación era escasa. Un comportamiento más marcado se observó en el desarrollo de los Ejes. De los propuestos, fueron cuatro –Política científica y Sistemas Nacionales de CTI; CTS+I desde Latinoamérica; Apropiación Social CTI; Educación y CTS+I– lo que tuvieron algún tipo de participación, aunque de un modo muy heterogéneo. Las participaciones trataban desde cómo desarrollar el Eje en cuestión hasta debates concretos sobre temáticas específicas.

Objetivos y Logros

Pese a que uno de los principales problemas que nunca logró resolverse con eficacia fue cómo pasar de las ideas a la acción, también se han obtenido algunos logros. Al inicio de la Red se tuvo acceso a cursos de posgrado de manera gratuita, impartidos por universidades asociadas a la OEI. Estos cursos han permitido desarrollar perspectivas de análisis anteriormente no eran tenidos en cuenta, como por ejemplo el curso “Los nuevos modos de producción científica y tecnológica” ofrecido en noviembre de 2011, por el CAEU y la Universidad de Oviedo. Estos cursos han sido de importante valor para poder compartirlo y socializarlo con la incipiente comunidad.

Del mismo modo, se logró lanzar, un número de prueba de lo que sería una revista digital cuyo nombre fue “CON-CIENCIA”. El propósito era crear un espacio de reflexión abierto, democrático, donde todos los que estuvieran interesados en los estudios sociales de la ciencia y tecnología pudieran expresarlo con libertad.

Marco de Reflexión

Seguramente serán varias las comunidades científicas en torno a los estudios sociales de la ciencia y la tecnología o a las science studies, que van desarrollando redes a partir de las cuales intercambian conocimientos y experiencias. En el caso que nos ocupa, es distinto porque se trató de un proyecto en el que se fueron congregando personas de las más diversas disciplinas, pero todas interesadas en algún campo disciplinar vinculado con la Ciencia, Tecnología, Sociedad y la Innovación (CTS+I). Sin embargo, y creemos que este fue implícitamente otro componente convocante, la gran mayoría de los participantes no pertenecían formalmente a algún grupo de investigación, aunque desde luego hubo excepciones. Existía un deseo permanente por hacer algo por Latinoamérica.

Pero ¿qué sucede con aquellos académicos universitarios o inclusive quienes desarrollan actividades de investigación y docencia en el nivel secundario, que no tienen posibilidad de acceder a dichas comunidad, pero sienten la necesidad de pertenecer a alguna? ¿cuáles son las condiciones institucionales que favorecen el desarrollo de dichas comunidades? ¿en qué medida es necesario alcanzar un grado de formalidad de un espacio virtual? ¿es una utopía pensar en una comunidad que quiera desarrollar investigaciones sin ninguna financiación? ¿es únicamente lo económico lo que mueve la gente a llevar adelante proyectos colectivos?

Lo primero que hemos de decir es que en contadas ocasiones han existido debates en la búsqueda de razones que explicaran las dificultades para organizar la Red: Falta de interés, de compromiso, de voluntad, han sido los denominadores comunes de muchos para justificar las dificultades por las que se atravesó. Sin embargo, lo que hemos percibido como un síntoma a lo largo de los debates, intercambios y discusiones que se suscitaron alrededor fueron dos elementos que no fueron citados en el contexto de dichos debates, pero que en otras ocasiones fueron objeto de atención por parte de muchos miembros: liderazgo personalista y financiación. En cuando al primer punto, la Red era sostenida por unos pocos miembros, sin embargo, se percibió que la mayoría de los integrantes deseaban una conducción de tipo personalista, donde una persona les dijera qué debía hacerse y, en ocasiones, cómo. Acaso sea un ejemplo de lo que Bourdieu (2012) señalaba como Estrategia de Reproducción Social, en el sentido de que como latinoamericanos, nuestras sociedades están caracterizadas a nivel político por las personalidades fuertes, por los caudillos. Acaso ese orden social, consciente o inconscientemente, también era el deseado o demandado en el seno mismo de la Red. La contracara de ello, precisamente, es que nunca pudimos, como Red, trabajar en la horizontalidad, donde la información, en algunos casos, o el conocimiento, en otros, pudiera fluir libremente, sin que tenga que emanar de alguna autoridad. En todo momento se demandó un coordinador que por momentos cumpliera la figura de jefe.

La financiación supo ser las veces como un imán, como un

Otro de los puntos que fueron analizados en una búsqueda de las razones por las cuales no logró madurar la Red fue en relación a la actitud de los miembros. Una de las hipótesis está dada por el hecho de que en general, muchos visitaban el foro para informarse sobre qué se estaba dialogando, pero no tenían interés en participar activamente.

Consideraciones finales

La experiencia muestra una paradoja: la demanda por parte de un grupo de personas que forman parte formal de la academia, con niveles de formación que van desde el profesorado al doctorado, que provienen de distintas latitudes, pero que y que está o se siente, en ocasiones, fuera de “la comunidad científica”[3] pero que quiere hacer ciencia; quiere aportar conocimiento y experiencia y que, sin embargo, ese interés por hacer algo no es suficiente, no basta para conformar una comunidad [científica] estable en sí misma.

Dicho de un modo más brutal, si se nos permite la expresión: en esta experiencia que hemos reseñado nos ha mostrado que las personas que formaban parte de esa comunidad incipiente querían sentirse parte de una comunidad, pero fueron incapaces de sostenerla. Las razones que podrían explicar ese desarrollo trunco de la comunidad, pueden ser varios y de diversos matices.

[1] Los países a los que pertenecían eran: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, México, Perú y Venezuela.

[2] CTI: Ciencia, Tecnología e Innovación

[3] En este sentido queremos hacer la distinción entre aquellos académicos (docentes e investigadores, independientemente del nivel educativo en que se desempeñan profesionalmente) que no están en grupos de investigación, institutos de investigación o agencias y que por lo tanto, les es más difícil ingresar a lo que denominaríamos “comunidad científica”.

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